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El buen votante y el mal votante

Análisis sobre el Derecho al Voto

El debate en torno a quién debe tener el derecho al voto ha vuelto a cobrar importancia en la esfera pública, aunque se pensaba que se trataba de un tema resuelto. A lo largo de la historia, las condiciones para el sufragio han variado con base en los intereses del poder de turno, comenzando con un acceso exclusivo para hombres propietarios y progresando hacia exclusiones de minorías, fundamentadas en requisitos de riqueza y raza.

En Estados Unidos, la influenciadora política Erika Kirk y aliados del movimiento MAGA han introducido la idea de un sistema de “voto por hogar”. Según esta propuesta, el jefe de familia, que en este caso sería el hombre, ejercerá el voto en representación de todos los miembros del hogar, lo cual genera interrogantes acerca de la inclusión de mujeres solteras, viudas o jefas de hogar, además de complicar la representación de las diversas opiniones que pueden existir dentro de una misma unidad familiar.

En México, sectores conservadores del PAN han planteado propuestas similares, como la implementación de un examen del INE que valide el conocimiento del sistema político antes de votar. Un joven relacionado con el partido llegó a mencionar la posibilidad de eliminar el voto femenino, aunque posteriormente moderó su planteamiento. Estas propuestas han reavivado el debate sobre los criterios de participación electoral.

Es relevante preguntarse por qué se considera que el conocimiento sobre la división de poderes es un criterio más democrático que la comprensión de las realidades económicas que enfrenta una familia trabajadora. Este análisis sugiere que constituyen filtros que benefician a aquellos que ya gozan de privilegios.

Históricamente, se han utilizado pruebas de alfabetización en el sur de Estados Unidos para limitar el acceso al voto de la población afroamericana, disfrazadas de iniciativas para mejorar la calidad democrática, pero que en realidad eran herramientas de exclusión. De esta manera, se pone de manifiesto que los requisitos que parecen neutrales frecuentemente perpetúan desigualdades de clase.

En el contexto actual de México, muchos ciudadanos se ven obligados a trabajar largas jornadas y a realizar desplazamientos extensos, lo que limita su capacidad de preparación para cualquier examen, favoreciendo a quienes tienen más recursos y tiempo. Este debate se desarrolla en un entorno electoral que evoluciona, donde las diferencias entre el voto masculino y femenino han aumentado en EE. UU., mientras que en México la oposición busca recuperar su influencia tras perder en las elecciones recientes.

La ausencia de pronunciamientos por parte de figuras clave, como el expresidente Donald Trump sobre el voto por hogar, así como la falta de una respuesta del PAN ante el condicionamiento del sufragio, indican la persistencia de un discurso que perpetúa las diferencias y privilegios existentes. El filósofo Norberto Bobbio enfatizaba que la esencia de la democracia se basa en el reconocimiento de la igualdad política, no por la homogeneidad en conocimientos o decisiones, sino por el reconocimiento de la dignidad y valor de cada individuo para participar.

Si bien cada generación considera avances en la democracia como asegurados, la historia indica que los derechos no desaparecen de manera abrupta. Más bien, sufren una erosión sutil, sustentada por la aceptación social de que ciertos ciudadanos pueden tener menos valor político que otros. Esta conversación sobre quién tiene derecho a voz y voto es continua y nunca concluye donde inicia.