Entender el régimen político de México durante el siglo XX y su influencia en el gobierno actual requiere examinar el relato del Nacionalismo Revolucionario. Este discurso se fundamenta en mitos que buscan legitimar a quienes salieron victoriosos de las guerras civiles y a sus sucesores. Sin embargo, su interpretación contemporánea parece una caricatura de la original.
La demonización de Porfirio Díaz marca el comienzo de esta narrativa, una estrategia que justificó conflictos sangrientos que, en última instancia, solo resultaron en un cambio de líderes sin repercusiones significativas para la sociedad. Fue Lázaro Cárdenas quien instauró un sistema autoritario y corporativo que, a diferencia de las revoluciones inspiradas en figuras como Lenin y Stalin, prometía justicia mediante la intervención del partido en el poder.
Con el tiempo, el mito se enriqueció con el llamado “milagro económico mexicano”. A pesar del notable crecimiento económico que tuvo lugar entre 1940 y 1970, este fenómeno no fue singular ni excepcional en comparación con otros países, y sirvió principalmente para compensar el estancamiento generado por años de conflictos.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es una de las instituciones que forman parte de este imaginario. Originalmente creado para proveer pensiones y seguros laborales, su evolución hacia un sistema de salud ha culminado en una precariedad en los servicios. Estos dependen hoy de impuestos para garantizar pensiones y su calidad es considerada insuficiente. La reciente inclusión del IMSS-Bienestar parece agravar la situación en lugar de mejorarla.
Asimismo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ocupa un lugar en estas narrativas míticas. Fundada por Justo Sierra durante el Porfiriato, su relevancia fue cuestionada por Cárdenas, quien favorecía el establecimiento del Instituto Politécnico Nacional (IPN) para centrarse en la educación técnica. A pesar de ser un pilar de la educación superior en las décadas de 1950 y 1960, la UNAM comenzó a enfrentar un deterioro durante el gobierno de Luis Echeverría, cuyas políticas educativas llevaron a la creación de empleos ficticios en el sector público.
Echeverría también instituyó el Infonavit, que en sus inicios fue percibido como un fracaso, aunque más tarde mejoró su papel en el financiamiento de vivienda. Sin embargo, actualmente se repiten intentos de construcción de viviendas, que parecen destinadas a fracasar de manera similar.
Desde la década de 1980, México ha enfrentado una pérdida significativa de capital humano. Las crisis económicas provocadas por Echeverría y López Portillo, acompañadas de la migración rural hacia las ciudades y la incorporación al mercado laboral de millones de jóvenes, resultaron en un desabastecimiento de talento en muchas organizaciones.
No se puede considerar a Porfirio Díaz como el único villano, ni el legado de la Revolución ha logrado mejorar de manera sustancial la calidad de vida de los mexicanos. Las instituciones, aunque ocasionalmente presenten momentos de excelencia, tienden a convertirse en burocracias que priorizan mantener una “estabilidad política”, lo cual también alimenta el estancamiento económico, social y político que enfrenta el país. Las causas de esta problemática serán discutidas en una próxima ocasión.
