La tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz se intensifica, mostrando que la situación está lejos de resolverse según los analistas. A pesar de un memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán el 17 de junio, la estabilidad que se esperaba no se ha materializado.
El 2 de julio, el crudo Brent alcanzó un mínimo de 70.38 dólares, lo que generó la impresión de un retorno a la normalidad en el comercio marítimo. No obstante, una serie de ataques a buques petroleros de Arabia Saudita y Qatar, seguidos por el restablecimiento de sanciones por parte de Washington, revelaron que la calma era efímera. Con el anuncio del presidente Trump sobre el cese de la tregua, el conflicto se intensificó.
Durante el fin de semana, Estados Unidos bombardeó 140 objetivos militares en Irán, conduciendo a Teherán a atacar bases estadounidenses en Kuwait y Bahréin, además de declarar el cierre del estrecho “hasta nuevo aviso.”
La incertidumbre sobre la situación en el estrecho es evidente. Irán sostiene que solo permitirá el paso con su permiso, mientras que Washington afirma que el tráfico está permitido sin importar la oposición iraní. Recientes cifras muestran que el tránsito de buques cisterna ha disminuido drásticamente, alcanzando su punto más bajo desde mayo con solo seis cruces registrados. Esto ha llevado a un incremento en las primas de seguros de guerra, que se han disparado más de mil por ciento.
También se reporta que Teherán ha estado controlando el tráfico marítimo a través de protocolos impospuestos. Desde la primavera, Irán ha mantenido negociaciones con Omán sobre un plan que implicaría cuotas para las embarcaciones en tránsito, un peaje encubierto como un servicio que podría generar ingresos superiores a 10 mil millones de dólares. Sin embargo, Estados Unidos ha rechazado esta propuesta, insistiendo en que ningún país puede cobrar peaje por el paso en aguas internacionales.
En una inesperada vuelta de los acontecimientos, Trump anunció la reinstauración de un bloqueo naval sobre los puertos iraníes y un cobro del 20% del valor de la carga de los barcos que crucen el estrecho, ofreciendo seguridad a cambio. Esta medida, que carece de un sustento legal claro, ha sido criticada por la Organización Marítima Internacional, que argumenta que el peaje carece de fundamento según la Convención del Mar de 1982. Irán, en respuesta, ha manifestado de manera sarcástica que ellos son los verdaderos custodios del estrecho.
El mercado reaccionó a estas novedades, con el Brent cerrando a 83.30 dólares, lo que significa un incremento del 9.6%, y el WTI a 78.14 dólares, con un alza del 9.4%. Sin embargo, la inquietud es mayor que el simple vaivén de los precios del petróleo; el verdadero temor radica en que este precedente pueda establecer el cobro de peajes en otras rutas cruciales, como las de Malaca o Gibraltar.
La situación tiene consecuencias variables para México. Por un lado, el precio de la mezcla mexicana finalizó la semana pasada en 66.77 dólares, lo que representa un aumento del 6.52%. Por otro lado, hay preocupación por la dependencia del país en la importación de combustibles, especialmente diésel, que es crucial para el transporte de bienes y personas.
El impacto inmediato se refleja en el Diario Oficial de la Federación, donde se ha anunciado un aumento de los estímulos fiscales al IEPS; 26.26% para el diésel y 15.95% para la gasolina Magna. Esta acción ha sido clave para mantener la inflación energética en México, a pesar del aumento general en la OCDE.
Mientras las potencias discuten sobre quién debe cobrar por el paso en Ormuz, los ciudadanos mexicanos ya comienzan a sentir las repercusiones económicas de este conflicto. La incertidumbre sobre la reapertura del estrecho continua, planteando dudas sobre las condiciones y el costo bajo los cuales se reestablecerá el tráfico en esta crítica vía marítima.
